La sangre y la idea

La sangre y la idea

2018-09-10T23:59:48+00:00 Por |

Cuando me propuse hacer una exposición compuesta por la obra de artistas que trabajan el vídeo como parte importante de su producción, se me planteó un primer conflicto: ¿Cómo tratar cuestiones relacionadas con el vídeo siendo yo una artista visual que trabaja lo multidisplinar y lo transversal como eje principal de su tra­bajo, es decir, sin ser una experta en el medio? Entonces concluí que el vídeo se puede tratar de la misma forma que se trata cualquier otro lenguaje artístico: la pintura, la escultura, o la fotografía, por nombrar algunos. Porque a fin de cuentas hablamos de arte.

Al hablar de video hablamos en principio de sensación visual. Después lo hacemos también de otras cuestio­nes asociadas a el resto de sentidos: el oído, el tacto, el gusto, e incluso el olfato, pero generalmente estamos de acuerdo en que, tratándose de este asunto, el ojo es el rey.
El título de esta exposición: “El dedo en el ojo (cinco aproximaciones canarias contemporáneas)”, toma a esta parte de el cuerpo como la principal por donde se producen las sensaciones1, y al dedo como indicador tradicional que apunta a una persona, objeto, o idea.

Hay un ritmo vital que nos acompaña por el recorrido de esta muestra como un rumor sordo y va bañándolo todo e hilando las cuestiones, confiriéndole una tonalidad rojiza que al final es casi imposible no ver. Eso que digo es la sangre.
Si hay sangre o no hay sangre es la cuestión. Sin ella no hay sensación, y esta se consigue por medio del color que genera la luz. Este aspecto vital, su contraposición a la idea, o más bien la relación de la una con la otra en la construcción de la imagen, es lo que trataré de exponer en las líneas que siguen como quien tira de un hilo que sobresale y al ir tirando desteje lo que otros han tejido.

El caballo de batalla de un artista, sea cual fuere el medio que trabaje, es la observación de la naturaleza, llegar a una comprensión profunda esta, del funcionamiento interno del objeto y de las relaciones de este con otros, aunque el artista no perciba directamente todas las relaciones, las sienta2.

Todas las cosas tienen una lógica, o mejor, digamos una armonía. Más allá de que una escena cuente algo o no, me refiero al componente narrativo, tiene un hilo conductor. Más allá de que un objeto esté en movimien­to o no, tiene un ritmo. Hay una ligadura propiamente artística que no cuenta ninguna historia y no representa más que su propio movimiento, y hace que coagulen elementos en apariencia arbitrarios en un solo chorro continuo3.

No basta con mirar la naturaleza como si ya la conociéramos porque caeríamos en la imagen preconcebida, en el cliché, y un cliché es un muerto del que hemos tratado de alejar a los espectadores metiéndoles el dedo en el ojo. Es todo lo contrario de lo que buscan los artistas que forman parte de esta exposición, quienes con su trabajo evidencian que hacer un vídeo es componer, al igual que pintar, y que no significa copiar servil­mente el objetivo, sino captar una armonía entre abundantes relaciones, significa trasladarlas a una gama nuestra desarrollándolas según una lógica nueva y original4.

La cuestión central que da título a este ensayo, la sangre y la idea, parece enfrentar la sensación que se asocia al sistema nervioso, con la abstracción, que es de la mente. La sensación no tiene nada que ver con lo sentimental, que también pasa por la mente. Para un artista la sensación es la base de todo y organizar las suyas propias mediante una lógica es su tarea. Esta se transmite directamente. Modifica el cuerpo, cuántas parálisis, hiperestesias, hinchazones, somatizaciones por un exceso de sensación…

La sensación tiene una cara vuelta hacia el sujeto (el sistema nervioso, el movimiento vital, el “instinto”, el “temperamento”), y otra cara vuelta hacia el objeto (el “hecho”, el lugar, el acontecimiento). O, más bien, no tiene del todo caras, es las dos cosas indisolublemente, es ser-en-el-mundo. (…) En último término es el cuerpo mismo quien la da y quien la recibe, quien a la vez es objeto y sujeto. Siendo espectador no experimento la sensación sino entrando en la obra, accediendo a la unidad de lo sintiente y de lo sentido. La sensación no está en el juego libre y descarnado de la luz y del color (impresiones), al contrario, está en el cuerpo, la sensación está en el cuerpo, aunque fuere el cuerpo de una manzana. El color está en el cuerpo, la sensación está en el cuerpo y no en los aires. Lo representado es la sensación5.
Pero no debemos por todo lo anterior desdeñar la labor del cerebro; puesto que el artista tiene dos cosas: el ojo y el cerebro, y ha de organizar las percepciones, de tener una lógica de la sensación. Evidentemente esta no puede ponerse en marcha si no es por medio del cerebro.

La sangre es sinónimo de vida y lo que se trasluce en la manera de mirar de los artistas que aquí presentan su trabajo es un deseo de aprehenderla. Mientras el corazón lata hay vida, mientras la sangre circula hay vida. Así como hay quien dice 3 que la sensación es cosa del sistema nervioso, ellos parecen querer decir que la sensación es cosa del sistema circulatorio, del corazón; para sentir una cosa hay que vivirla. Percibir es abrirse a lo otro y cerrarse otra vez sobre uno mismo, es sístole, diástole, y en ese sentido se parece al amor.
Rilke decía que para mostrar el amor por una cosa, mucho mejor que pintar “amo esa cosa” es pintar “hela aquí”, y que cada cual pueda ver si la he amado6.

Mirar las cosas como si se las mirara por primera vez, que es como todo artista debería mirarlas, y como que­remos que lo haga nuestro espectador, con atención y asombro, con exigencia de conciencia, con voluntad de captar su sentido. Querer comprenderlas, comprender la manera de existir que se expresa en las propiedades de la cosa.

Se podría decir que la obra de los artistas en esta muestra representados es kantiana porque la cosa es en la medida en la que se la comprende, su sentido mismo se construye bajo sus ojos, y no hay otra manera de comprenderlo más que mirarlo. Kant evidencia en la Refutación del Idealismo que la percepción interior es imposible sin la percepción exterior. Así que el siento (percibo aquí y ahora) luego existo, iría antes que el pienso (abstracto y universal) luego existo. Pero no hay que entender que el sentido de una cosa está detrás de las apariencias, sino que la habita como el alma habita al cuerpo7.

Mirar con la mirada limpia, desprejuiciada, deseante, la que inviste y desviste, confiere estatuto de ser, la mi­rada paciente, profunda, intensa, obstinada, la que transita, se instala, habita en su objeto, la que cambia para siempre al que mira y a lo mirado, la que se convierte en él; la mirada vampírica que chupa la sangre y da una nueva vida. Todo lo contrario a la mirada que preconcibe, que casi no sería digna de llamarse mirada. No mira porque ya sabe lo que va a ver, se basa en una idea anterior a su existencia.
El tópico es un muerto y la vida está en el cuerpo. Lo real se distingue de nuestras ficciones porque, en él el sentido inviste y penetra profundamente a la materia8.

Con esto llegamos al segundo gran asunto de un artista: Materializar.

Materializar es como hacer un milagro. Tradicionalmente los milagros consisten en una transmutación de la materia o en una transfiguración de la materia. En el primer grupo se podrían incluir los milagros del tipo convertir el agua en vino, o el vino en sangre, un enfermo en sano o un muerto en vivo. El segundo incluiría todo tipo de apariciones.
El cristianismo nos dice que los milagros los realizan dios y los santos y en la antigua mitología quienes obra­ban milagros eran también los dioses. Es por eso que al artista en su doble función de creador y de persona que juega con la materia se le acusa muchas veces de modo justo o no, de estar endiosado.
Hacer milagros se parece mucho a la magia: está, no está, hay algo donde no había nada (el típico truco del conejo y la chistera), o donde salía uno ahora salen tres. En los milagros no hay trucos, en la magia sí.

Pero todo resulta tan real… Tratando de este medio: la cuestión es que “resulta” real pero no lo es. Un rostro grabado no es carne, es luz. Por eso más que a un milagro se parece a la magia, necesita un truco.

Por materializar podemos entender encarnar, hacer cuerpo, hacer cosa, dar presencia. Cuando miro la piel brillante de un retrato de Yapci Ramos no me hace pensar en una cara, me la presenta, está ahí, con su super­ficie delgada y lisa y su interior poroso, en la manera particular como un rostro se modula9.

En el vídeo, como en el cine, pasado y presente se integran, no de forma cronológica. Tomemos como ejem­plo la obra “Hurdle (haikus)” de Pedro Déniz: Tenemos el tiempo en que las imágenes en movimiento que forman parte de su videoinstalación fueron tomadas (un tiempo pasado cargado de emotividad para su autor que nos ofrece en forma de fragmentos), tenemos también el tiempo en el que las seleccionó, trabajó en ellas y decidió componerlas de esa concreta forma, y por último tenemos el tiempo en que la obra es expuesta y visionada por el espectador; un presente que contiene y es indisolublemente todos esos tiempos a la vez.

El truco más característico del cine moderno es el montaje, que se realiza básicamente por sucesión, repeti­ción, o yuxtaposición de imágenes. Pedro Déniz, además de enfrentar dos parejas de vídeos, introduce otros elementos tridimensionales y bidimensionales que, junto con el sonido, confieren a su trabajo la intensidad dramática que lo atraviesa. Aquí hablaríamos de un montaje triple: el de los vídeos y el sonido, el de estos con el alambre de espino que obstaculiza su visión, y el de el conjunto anterior con las palabras mutantes (en cuestión de forma y significado). Este juego por triplicado hace de la obra la unidad rica que es.

En los casos de “Historia de la Historia” de Cayetana H. Cuyás, y de “Nacionalismo” de David Pantaleón, este recurso se usa de modo diferente: En el primero para construir una narrativa personal que arranca desde los orígenes de la humanidad y termina en nuestros días, que trata la cuestión de la autorrepresentación y repre­sentación de la imagen del hombre y la mujer de un modo que podríamos llamar más al uso cinematográfico, en formato cortometraje.
En el segundo, David Pantaleón se sale de la línea a la que ha acostumbrado a su público en obras anteriores, con trabajos como por ejemplo “El becerro pintado” 2017, “A lo oscuro más seguro” 2013, o “La pasión de Judas” 2014, adentrándose en el terreno no del todo conocido para él de la videoinstalación. De dentro de su baúl canario brotan imágenes apropiadas y montadas de una manera que considero el acercamiento no inten­cionado más literal a la dualidad que lleva por título este ensayo.

Antes dije que un rostro grabado no era carne y ahora que si rajas una pantalla no va a salir sangre, que eso es pura literatura, pero también que yo creo en la vida de las cosas, y más aún en la vida de el arte, que tiene su propia vida que no es la nuestra. Para captarla, para representar la esencia de las cosas, no hemos de olvidar la importancia de la sensación si­nestésica; esta se aprecia claramente por ejemplo en “I don´t Mind II” de Yapci Ramos, que es como si pusie­ra ojos en todos los sentidos, es eso que dice Flaubert cuando habla de la vieja que llora como si lloviera10.

La cualidad del color en el objeto de nuestra atención significa por sí misma todas las demás respuestas que daría a la interrogación de los demás sentidos, que una cosa no tendría este color si no tuviera también esta forma, estas propiedades táctiles, esta sonoridad, este olor.

Y aún hay algo más: un aire… Una manera de respirar, una experiencia respiratoria. El aire que circula por y entre los objetos y que también da vida, como circula la sangre por las obras de la exposición.

¿Puede una voz, resultado de la vibración de las cuerdas de una garganta al contacto con el gas, y una pantalla en negro, situarnos en un lugar que no es ni el que describe (otro vídeo, esta vez con imágenes, que se visiona a miles de kilómetros de distancia), ni por supuesto el de la sala donde, algo perplejos, asistimos a este experimento?

“Parts of some quintet” de Gabriel Hernández (cuyo título hace referencia, entre otras cosas, al quinteto de obras que forman la muestra), trata de ponernos en un sitio que no es ni aquí ni allá, un lugar intermedio, raro, insólito, un sitio inasible como el aire que brota de su faringe. Ese que está entre las palabras y las co­sas11.
Allí solo podremos llegar una vez superado el estupor que produce su pieza. Lógicamente, muchos entre el público pensarán, o incluso algunos se atrevan a decir: “Vaya… ¡Otro artista conceptual tratando de tomar­nos el pelo!”. Los pocos que realmente miren, se darán cuenta de la que la pieza no se compone únicamente de la pantalla en negro y el sonido, sino también de el texto que la explica y de mínimas intervenciones que invaden toda la sala evidenciando de modo sutil el juego de espacios y el de significantes y significados que propone.

¿Es esta obra un vídeo? Yo creo que es una situación más amplia que usa el vídeo como herramienta. Que su autor no deja de ser un juguetón, cosa a su favor, porque lo lúdico es también parte importante de el arte. Y que el hombre es, como dijo aquel filósofo alemán, solo hombre completo cuando juega11.

Ni uno, el juego, ni otro, el arte, existirían sin la sangre y la idea.

Esther Aldaz Brunetto

1 Sobre la anestesia que este sentido padece en nuestros días, conviene consultar “El ojo en el dedo”, texto de Marta Mantecón para esta publicación.

2 Aforismo XXXVII en “Le Dimanche avec Paul Cézanne” de Léo Larguier.

3 Gilles Deleuze en Francis Bacon. Lógica de la sensación”, Arena Libros, Madrid, 2005.

4 Aforismos XLII y XLI en “Le Dimanche avec Paul Cézanne” de Léo Larguier.

5 Frases tomadas de Gilles Deleuze, “Francis Bacon. Lógica de la sensación”, Arena Libros, Madrid, 2005. Capítulo VI “Pintura y sensación”.

6 Rainer María Rilke, “Cartas sobre Cézanne”, Barcelona. Paidós.1993.

7 Maurice Merleau- Ponty “Fenomenología de la percepción”. Capítulo III La cosa y el mundo natural. B)La cosa o lo real: La uni­dad de la cosa más alla de todas sus propiedades es ese único acento que se encuentra en cada una, esa única manera de existir de la que ellas son una expresión segunda. (…) Por eso decimos que en la percepción la cosa se nos da “en persona” o “en carne y hueso”. Antes que el otro, realiza la cosa este milagro de la expresión: un interior que se revela al exterior, una significación que desciende en el mundo y se pone a existir en él, y que no podemos comprender plenamente más que buscándolo con la mirada.8 Ibídem.9 Ibídem.10 Gustave Flaubert “La leyenda de San Julián el Hospitalario”. En “Tres cuentos: Un corazón sencillo; La leyenda de San Julián el Hospitalario; Herodías.” Edición española de Valdemar. Madrid 2000.

11 Diana Padrón en el texto escrito para esta publicación: “Hacia la luz. Un ensayo a la ceguera”, afirma que ese lugar es “nuestra imaginación”.

12 Friedrich Schiller “Kallias:” Cartas sobre la educación estética del hombre” Anthropos. Barcelona, 1990.

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